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Partidos emergentes de líderes carismáticos

Por Luis Alberto Vázquez

“El carisma es lo intangible que hace que la gente quiera seguirte,
estar cerca de ti, ser influenciado por ti”.
Roger Dawson

1867: Tras la caída del imperio de Maximiliano, restaurada la república, Benito Juárez, figura insigne indiscutible, actualiza al tradicional: “Partido Liberal” como “Partido del Progreso” que lo postula como presidente del país. En las siguientes elecciones, de 1871 hasta 1888, ese mismo partido presentará candidatos incluso enemigos entre sí: Porfirio Díaz y Benito Juárez; permitiendo la reelección de ambos.

1892: El carismático Porfirio Díaz, en pleno poder omnímodo, presenta nuevo trazo: “La Junta Gubernativa Porfirista”. Entrado ya en esas ardides, en 1896 engendra el “Círculo Nacional Porfirista”; variación patronímica, conservando los mismos miembros, dicho con refrán popular, “La misma gata, pero revolcada” argucia que se convertiría en costumbre.

1910: Los conservadores se descaran con su alianza continuista: “Partido Nacional Reeleccionista” que triunfa al encarcelar a Francisco I Madero, candidato del Antirreeccionista quien se levantaría en armas obligando a Díaz a renunciar, convocándose nuevas elecciones.

1911: Madero, líder carismático del pueblo, abandona el partido que inicialmente lo había promovido y crea su propia bandería: “Constitucional Progresista” que triunfa gracias a su figura: ¡OJO!: el pueblo votó por candidato, no por partido.

1917: Proclamada la constitución, Venustiano Carranza, líder supremo revolucionario, crea el “Partido Liberal Constitucionalista” que solamente a él llevó al poder.

1920: Álvaro Obregón, amo de México en ese momento, crea el Partido Laborista Mexicano que le llevará a la presidencia e incluso a su reelección en 1928.

1929: El “Jefe Máximo”, Plutarco Elías Calles crea el sistema político actual engendrando al Partido Nacional Revolucionario; entidad pública oficial del estado conformada por líderes sindicales y caciques empistolados, éste reinará de manera absoluta por 89 años, aunque sufriendo significativas mutaciones de nombre y de sucedáneo.

1938: El carismático Lázaro Cárdenas recrea el PNR como Partido de la Revolución Mexicana; aprovechando este modelo político casi perfecto, genera un año después su propia oposición, asociación política aparentemente disconforme con el partido en el poder, agrupa cristeros residuales y originalmente a personas honestas que creían luchar contra lo establecido, sin imaginar que su función esencial sería manifestarse contra el partido oficial, insultarlo, contradecirlo, pero jamás destruirlo; y que, acaso llegado el momento, defenderlo y cuidarlo de sus enemigos letales, para fatalmente vivir en amancebamiento concupiscente.

1946: Se refunda como Partido Revolucionario Institucional, un partido que, según su actual líder, jamás apoyaría reforma alguna que beneficiara a México. A él lo abrigaron tanto los títeres camuflados mencionados, como las marionetas visibles PPS y PARM.

2014: Fundamentándose en los discutidos fraudes de 1988 y 2006, esos donde mutuamente se protegieron los partidos callistas amparados por el eternamente corrupto árbitro electoral; crea Andrés Manuel López Obrador “Morena” y triunfa ampliamente en 2018. Hoy es la figura de este líder lo que sostiene totalmente su 4ta. Transformación; su popularidad crece gracias a su agresividad estilo juarista y maderista, mientras sus detractores intentan destruirlo con insultos y mentiras que al desenmascararse lo agrandan. “Duda existencial política”: Morena aún le es útil… ya cumplió, se encuentra muy empiojada; vulnerada en muchos sectores y con dirigentes laxos. Surge así una pregunta basada en inferencias históricas, ni profecía ni vaticinio, simple deducción mundológica: ¿Habrá llegado el momento de cambiar de caballo creando otro partido?

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AMLO tiene el poder político, el apoyo popular y la oportunidad. Surgiría inmediatamente después de las elecciones de 2022 y su laboratorio serían las dos últimas covachas jurásicas para disputarse en 2023. Prácticamente todos los morenistas atravesarían la calle para entrar al nuevo estadio, muchos militantes, incluso gobernadores y alcaldes de los hoy fallecientes partidos opositores también se sumarían, dejando a estos como fantasmas tal como ocurrió recientemente en Nayarit. Esta nueva realidad política, la conclusión de las gigantescas obras en ciernes y sus reformas estructurales servirán para consolidar su 4T.

Si este supuesto imaginario sucediese, la jornada electoral presidencial de 2024 sería un picnic; AMLO dejaría a su sucesor sólidamente asegurado; con una diminuta oposición cuyos integrantes seguirían sencillamente rumiando y regurgitando su amargo odio. Él partiría directo a Palenque; a “La Chin….”; desde donde seguiría mandando señales al estilo del maximato. ¿sería?

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