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Opinión

Libertad, responsabilidad y democracia

Por Luis Alberto Vázquez

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

Don Quijote de la Mancha.

Existe un virtuoso trinomio dialéctico entre potencias sociales que las hace vitalmente inseparables para coexistir en un sistema político, social y económico que permita una vida comunitaria trascendental. Vayamos a esas tres fortalezas:

El filósofo Jean Paul Sartre discurre “Estamos condenados a la libertad” y Bernard Shaw sentencia: “La libertad supone responsabilidad; por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto”. Para John Rawls la libertad no debe negociarse, es para beneficio de todos los seres humanos y no está sujeta a regateos políticos. Aunque acepta que, bajo condiciones de extrema escasez, la libertad puede sufrir deterioro si se maximizan los bienes primarios sociales; es decir, pan por libertad.

Recordemos que todo derecho exige simultáneamente un deber; por lo tanto: “Libertad como derecho” implica “Responsabilidad como deber”; asimismo toda acción humana genera consecuencias. Por ello la libertad política exige la participación responsable en el gobierno o no significa absolutamente nada. Estas dos tesis infieren una síntesis ineludible: La democracia.

Tal vez resulte difícil discernir que la libertad se vive plenamente más en lo social que en lo individual y que existe una relación multidimensional entre ella y democracia esquematizando una creciente interdependencia. Además, un requisito fundamental para asegurar el sincretismo entre estos atributos sociales debemos terciarlos con la responsabilidad comunitaria; dependientes cada uno de los otros para existir plenamente.

Existen sociedades que al igual que sus individuos, no se atreven a tomar responsabilidades comunitarias y esperan que los gobernantes sean quienes resuelvan sus conflictos sin colegir que, como comunidad debemos hacer surgir valores ético-políticos que nos conduzcan a la participación ciudadana en una convivencia deliberativa y no quedarnos cruzado de brazos responsabilizando de todo al gobierno, a la historia o incluso a la suerte; pero nunca a uno mismo; es como esperar que las vacas den leche sin sentarse a ordeñarlas.

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Analicemos lo que en breve estará en juego en Coahuila: libertad sufragante, responsabilidad ciudadana y democracia; todo ello en conflicto con una autoridad electoral altamente cuestionada y muy discutida en cuanto a su dañada credibilidad por ineptitud en comicios anteriores y con muy dudosa integridad ética y exorbitante incertidumbre legal. Se enfrentarán grupos políticos antagónicos con opciones e intereses irreconciliables y anteponiendo a sus propuestas muchos descontones morales y descréditos malsanos. La historia lía compra de conciencias a través de objetos para la satisfacción de necesidades primordiales a quienes menos bienes poseen, pero si son poseedores de sufragios efectivos, aunque menospreciando su dignidad humana, así como impidiendo el uso racional de sus talentos decisorios. En este caso, la determinación electoral será la necesidad económica y no la voluntad del votante hacía el bienestar social y familiar; el purista principio de autonomía desaparece y elimina toda posibilidad hacía la democratización de un estado que jamás la ha gozado.

Tristemente, la mayoría de los mexicanos han restringido por decenios su participación electiva en ir únicamente a las urnas en tiempo de comicios, lo que no corresponden de ninguna manera a una auténtica responsabilidad pública; por ello es indispensable fomentar una cultura participativa con ejercicios electivos diversos y permanentes.

Hannah Arendt nos recuerda que: “El único factor material indispensable para la generación de poder es el vivir unido al pueblo”. Toda participación pública es una acción comunitaria que exige nos reconozcamos como seres libres, con autodeterminación para atrevernos a soñar en una realidad justa en la que todos estemos dispuestos a construir una sociedad soberana capaz de incubarse a sí misma. Parafraseándola diremos que polis no es solamente un espacio físico sino la organización de la gente y surge del actuar y hablar juntos. Política es el intervenir consciente de las personas que buscan solidarias un propósito común, idealizado y aceptado socialmente sin importar donde esté. Así, política no es solamente la urbe física sino las personas libres y sus anhelos e ilusiones.

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