Reducir el gasto

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Quizá la acción más importante de un gobierno año con año es establecer el presupuesto de gasto y la ley de ingresos. El gobierno necesita dinero para ejercer el poder.

El gobierno mexicano ha venido aumentando su gasto de manera constante. Cada año se ha roto un nuevo récord. Las autoridades han afirmado siempre que utilizan el gasto para promover crecimiento económico y combatir la pobreza. Pero los aumentos de los últimos años no han producido expansión ni han reducido la pobreza.

Cuando vemos los rubros en que más ha aumentado el gasto público, encontramos retrocesos en vez de avances. Este es el caso de la seguridad. En los sexenios de Felipe Calderón y en lo que va de Enrique Peña Nieto el gasto en seguridad ha tenido un alza muy fuerte. Al aumentar el gasto se buscaba garantizar la seguridad de los mexicanos. Lo que hemos visto ha sido exactamente lo contrario. El mayor dinero invertido no ha dado el resultado previsto.

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Lo mismo ha ocurrido en el caso del combate a la pobreza. El aumento del presupuesto desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, cuando empezó el programa de Solidaridad, el cual ha cambiado de nombres y reglas pasando a ser Progresa, Oportunidades y ahora Prospera, ha sido enorme. La pobreza, sin embargo, no se ha reducido, según las cifras oficiales que reporta el Coneval.

El gasto gubernamental suele generar burocracias que tienen el único interés de mantener sus cargos y usos de recursos. Esta estructura burocrática absorbe en sueldos, prestaciones y gasto de oficinas la mayor parte de la erogación pública. Por eso el dinero público no está teniendo un impacto para el logro de los objetivos del gobierno.

Tradicionalmente los gobiernos han buscado promover sus logros señalando el dinero que están gastando. Nos dicen, por ejemplo, que han aumentado en un determinado porcentaje el gasto en educación, que han construido tantas escuelas o que han contratado a tantos maestros. Lo que no dicen es qué tanto ha mejorado la disponibilidad o la calidad de la educación.

El gobierno está tratando ahora de impulsar un presupuesto más austero para 2016. Está obligado a ello por las circunstancias. La caída no sólo en los precios del petróleo, sino en la producción de crudo de Pemex, ha hecho que se desplome la recaudación petrolera. Subir impuestos no es una opción. El aumento de 2014 tuvo un impacto muy negativo en la economía nacional. De hecho, todavía no se ha superado y es una de las razones de que México no haya podido superar el crecimiento de dos por ciento anual.

Las opciones para el gobierno en este momento son o aumentar la deuda pública, lo cual no haría más que dejar la factura del gasto de hoy a las futuras generaciones, o reducir el gasto.

(ver nota completa en El Siglo de Torreón)

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