¿Por qué sí a la participación ciudadana?

POR: PARTICIPACIÓN CIUDADANA 29

¡Participa y vencerás! Esta frase tan trillada, tan socorrida por políticos y gobernantes para ganar adeptos, -sobre todo en tiempos electorales- que tratan de convencernos que ahora sí llegó la hora del cambio, “de Mover aMéxico” (EPN sic) al progreso, al dinamismo y a la competencia bla, bla, bla.

Frases bonitas y cargadas de retórica de nuestros representantes en el ejecutivo federal, en las entidades federativas, en los municipios, así como en el legislativo en ambas cámaras, de diputados y senadores, donde emanan las leyes que nos rigen como República Soberana, Autónoma y Representativa, con sus tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial y en las que se debaten leyes trascendentes y muchas otras que se formulan sólo para acallar inconformes o subsanar intereses. Es el lugar común para escuchar que la política es para el bienestar de los ciudadanos y como tales, tenemos que participar entusiastamente, haciéndonos escuchar o demandar, eligiendo democráticamente a nuestros representantes que velarán por el mejoramiento de todas las condiciones que conciernen a todos los mexicanos para que vivan felices, en paz, en libertad, con dignidad, con seguridad, con oportunidades de trabajo y para desarrollar todo el potencial que como humanos tenemos.

Sostengo que todo esto es palabrería barata y una falacia, en cuanto que vienen ofreciéndonos más de lo mismo por décadas y que aún no vemos resultados tangibles en nuestra diezmada nación, con su economía estancada y proyecciones de crecimiento a la baja, con cifras inauditas de desempleo, con recurrentes e impunes casos de corrupción, con muchísimos pobres, con la seguridad en entredicho y en manos de delincuentes que amenazan nuestra libertad y la seguridad que sólo el estado nos debe de proveer.

La frase de que como mexicanos tenemos el país que nos merecemos no me convence, ya que se agota en sentido negativo y reitera que las cosas no marchan como deberían marchar en una nación pujante y con recursos. Decepciona a cualquiera que tenemos lo que nos merecemos, cuando vemos que ciudadanos comunes se parten el alma para sobrevivir, que cumplen con todas las leyes vigentes, así como con las obligaciones cívicas, fiscales, con responsabilidades familiares y de trabajo y que tratan de tener una convivencia armónica y creativa en la comunidad, que participan al elegir a los gobernantes acudiendo a las urnas y que la mayoría de la veces resultan ganadores los que movieron mejor su estructura partidista, cooptando la voluntad ciudadana con dinero, enseres o materiales de construcción, aprovechándose de la necesidad de la gente.

Retomando el por qué debemos involucrarnos concienzudamente en la participación ciudadana que es la esperanza de muchos, que todo debe cambiar para que todo no siga igual, es la que nos convoca a no desesperar y seguir participando hasta el cansancio y que aquellos que están gobernando, por agotamiento nos escuchen.

Es tiempo de participar en organizaciones civiles que sin interés económico alguno, más allá de consensuar, censurar, reprobar o apoyar lo que beneficie a la sociedad en su conjunto y quitar los lastres tan arraigados en nuestra vida política y social. Es el momento de no cejar y actuar y también asumir que como mexicanos nos debemos a que el bienestar común sea siempre la consigna que nos rija.

El modus operandi de nuestros políticos nunca cambiará, por mi edad cronológica lo puedo afirmar. Salvo pequeñas excepciones, los políticos carecen de vocación de servicio, buscan el poder aunando al dinero, por el poder y el dinero mismos, sin importarles más que asegurar y acrecentar su patrimonio y el de sus familias. Los ideales y principios partidistas se comprometen constantemente con los de otros partidos cuando no ven satisfechos los objetivos de llegar y medrar con todo lo que ofrece el poder y los recursos económicos a su alcance. Participar, no solo es hacer; es conocer, me explico: ateniéndome a lo que el común de la ciudadanía podría entender, lo podemos identificar como asistir a eventos, manifestarse públicamente por algún motivo, exigir que autoridades y representantes cumplan con sus obligaciones; sin embargo trascender del hacer al conocer, implica que tenemos la obligación como miembros de una comunidad, de estar en desacuerdo con decisiones que toma alguna autoridad – alcalde, gobernador, presidente del país- o alguna representación – senador, diputado local y federal, regidor ó síndico municipal- porque no tenemos la información que nos permita saber los motivos de las decisiones, como es el caso del proyecto de alumbrado público en el que el gobierno de Torreón y la empresa Construlita Lighting encadenarán durante 15 años el presupuesto de la ciudad, en el orden de 195 millones de pesos anuales; necesitamos conocer los motivos de esta intención para concesionar el alumbrado público, cual es costo unitario por luminaria que la empresa presenta, cual es la ciudad que se toma como referencia para desarrollar esta concesión, donde se ha probado este sistema de alumbrado y que resultados se han tenido. Participación es más que asistir; significa tomar conciencia y razón de que las decisiones de gobierno de esta magnitud, deben ir más allá del cumplimiento de formalidades tales como la aprobación de un Cabildo que por las características de sus miembros, no reúnen el perfil profesional y técnico; la aprobación por el congreso del estado, cuyos miembros solo validan y legitiman lo que recibe, y que han demostrado con creces que no tienen calidad moral, ética y técnica para resolver asuntos como el de esta concesión.

Por todo ello y para l@s que estén interesados en aportar con su tiempo, sus ideas y participación, hay una asociación civil denominada Participación Ciudadana 29, A.C. Esta asociación es apartidista, plural, genuina de hombres y mujeres comprometidos con el mejoramiento de las condiciones de nuestro entorno, de nuestra comunidad y por ende de nuestro querido país. Es tiempo de un sí a la participación ciudadana, la patria nos lo demanda.

Texto publicado en El Siglo de Torreón. 

Foto: El Siglo de Torreón

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